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Relaciones de pareja: aprende a vivirlas de forma consciente

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Resumen del post

¿Tus relaciones de pareja son saludables? ¿Cuándo es el momento de soltar una pareja? ¿Merece la pena sufrir para mantener a una pareja a tu lado? ¿Desde dónde te relacionas con tu pareja: desde tus heridas infantiles no sanadas o desde tu adulto emocional interior?

De estas y muchas otras cuestiones voy a hablar en este post para que puedas descubrir las claves para relacionarte de una forma consciente con tu pareja, un modo saludable en el que tanto tu como él o ella podáis crecer y disfrutar de una vida plena.

Redefinir el amor

El amor no es un sentimiento, es un estado del ser y experimentarlo completamente no depende de con quien nos relacionamos sino de nuestro nivel de conciencia acerca de quienes somos.

Amor es lo que eres, aunque aún no te hayas dado cuenta.

Y es en la medida que nos dedicamos a buscarlo fuera de nosotros, que nos alejamos más de la conexión con la fuente del amor que siempre ha habitado en nuestro interior.

Es de este modo que, buscar que nos amen para no sentir nuestro vacío interior, para dejar de sufrir o para sentirnos valiosos, siempre acaba en insatisfacción, frustración, culpa, resignación, dependencia emocional y ataque.

Cuando sabes quien eres, no buscas que nada ni nadie te complete, porque ya te sabes pleno y es entonces que emites una frecuencia de amor y abundancia y desde esa irradiación es que atraes personas y experiencias a tu vida que vibran en la misma frecuencia, y ello incluye a una posible pareja.

Si vibras en una frecuencia de miedo (ya sean celos, sufrimiento, posesividad, victimismo, necesidad de reconocimiento o aceptación…), esa es la frecuencia que vas a emitir y por tanto también la que vas a atraer a tu vida en forma de pareja.

Y no se trata de una maldición kármica, sino del cumplimiento de una antigua y eterna Ley Universal que nos invita amorosamente a evolucionar en términos de consciencia.

Me refiero a la ley o principio de vibración que viene definido y explicado en El Kybalión de Hermes Trismegisto (considerado maestro de maestros que vivió en el antiguo Egipto y fue contemporáneo de Abraham)

«Para cambiar vuestra característica o estado mental, cambiad vuestra vibración. La voluntad es la que dirige a la atención y ésta es la que cambia la vibración. El que comprenda el principio vibratorio ha alcanzado el cetro del poder»

Kybalión

Atraemos a nuestra vida aquello que es congruente con nuestra vibración y hasta que no nos damos cuenta de cuál es esa vibración y elegimos transmutarla en caso de no ser saludable para nuestra vida, seguimos siendo marionetas de un juego del que parece que somos completamente ajenos. 

Una relación de pareja siempre es una relación de maestría 

Una pareja no llega a tu vida para hacerte feliz sino para hacerte consciente

Una pareja dura lo que tiene que durar, ni más, ni menos.

Cualquier intento de retener o alargar la relación artificialmente va a suponer un precio muy elevado a pagar en forma de sufrimiento, resentimiento, culpas, sacrificio y algún tipo de agresividad ya sea pasiva o activa que va a acabar impactando más pronto que tarde en el cuerpo, en la mente y en las emociones de ambos miembros. La deshonestidad tiene un precio muy elevado.

Cuando mantenemos una comunicación fluida con nosotros mismos, cuando estamos profundamente conectados con quienes somos, sabemos el momento en el que es preciso soltar una relación, entonces, lo de menos es quien de los dos tome la iniciativa, porque ambas almas saben que el ciclo de aprendizaje ha finalizado y pueden despedirse amorosamente y con infinito agradecimiento para seguir evolucionando y creciendo ya sea solos o en compañía de otra persona distinta. 

Es decir, una pareja es una relación sagrada de maestría y tiene la función prioritaria de hacernos conscientes de nuestra luz y de nuestra sombra para que podamos sanar todas aquellas heridas que emerjan, para permitirnos evolucionar a través de las experiencias que compartiremos con el otro.

La pareja puede ser el detonador de nuestros estados emocionales pero nunca es su raíz.

El origen de nuestro dolor está en nuestras heridas infantiles no atendidas y emerge a través de las relaciones de pareja para que podamos verlo y transformarlo definitivamente en amor.

Y es que la mayoría de adultos viven recreando una y mil veces su pasado con todos los miedos que en él depositaron.

Todo aquello que guardamos en la niñez tiende a emerger en la edad adulta y especialmente a través de nuestras relaciones de pareja.

Hacer responsable a nuestra pareja de lo que sentimos es el mejor modo de perpetuar nuestro dolor e incrementarlo, es una postura infantil que proviene de nuestras emociones estancadas.

Ser adultos emocionales significa, entre muchas otras cosas, tener el valor y el coraje de liberar nuestro poder vital de los obstáculos y bloqueos que almacenamos.

El primer gran reto será transformar la relación con nuestros miedos. (En este punto, te invito a leer el post: «Cómo afrontar el miedo y  empezar a tomar las riendas de tu vida»)

Si mi expectativa es que mi pareja me haga feliz, habré sembrado las semillas de mi propia insatisfacción.

Depositar nuestra felicidad en las manos de otra persona es un acto de egoísmo que nos encadena y empequeñece.

Cuando nos responsabilizamos de nuestra felicidad, la vida nos devuelve multiplicada esa energía en forma de relaciones verdaderas y honestas.

Los 3 posicionamientos que podemos adoptar en una relación de pareja

En todas y cada una de nuestras relaciones podemos adoptar uno de los patrones de conducta que expondré a continuación, pero es precisamente en las relaciones más íntimas, especialmente en las relaciones de pareja donde estos 3 posicionamientos van a ser más evidentes y nos van a ofrecer el mayor potencial transformador, si nos abrimos a la investigación, a la curiosidad, a la apertura, a sanar nuestras heridas y a soltar nuestras expectativas, percepciones y creencias.

En el fondo de todas nuestras decepciones y frustraciones diarias habita el drama de la incomprensión de nuestros patrones de funcionamiento inconscientes.

En el núcleo del drama habitan la máscara del dependiente y el antidependiente. Cuando desmantelamos y soltamos el drama, emerge la esencia del ser consciente que somos.

En cada una de nuestras relaciones de pareja pasamos por un período inicial que podría llamarse el período «luna de miel» definido como ese espacio de tiempo en el que los enamorados habitan en un estado alterado de conciencia muy parecido al efecto de una droga, un estado en el que prácticamente no hay conflictos ya que estamos en un estado hipnótico en el que nuestras proyecciones positivas aún no han sido confrontadas y destruidas por el tiempo y la cotidianidad.

Proyectamos en la pareja muchas de las necesidades que no fueron completamente satisfechas en la niñez y creemos que ahora, en la relación que estamos iniciando sí serán colmadas.

El final de esta etapa de luna de miel que puede durar unos días, semanas o algunos meses, puede ser realmente dura, desilusionante y llenarnos de desesperación ya que empezamos a darnos cuenta de que es bastante posible que nuestras expectativas de satisfacción no se acaben cumpliendo.

Es el momento en el que empiezan los pequeños o grandes conflictos, lo que tanto nos gustaba de esa persona, tal vez empezamos a percibirlo como irritante, excesivo o desagradable.

Van surgiendo otras prioridades que atender y empezamos a sentir que el mundo del otro no gira a nuestro alrededor, y parece que el otro no es el ser ideal y perfecto que habíamos proyectado.

Nos hemos trasladado del jardín del Edén de las proyecciones maravillosas, al sueño de terror de las proyecciones negativas y empiezan a emerger las diferencias donde parecía que todo eran similitudes y extraordinarias coincidencias.

Las heridas infantiles de cada miembro de la pareja hacen acto de presencia y las grietas se van abriendo camino en el tejido apenas hilvanado de la recién estrenada relación.

Estos son los 3 patrones o posicionamientos que adoptamos en una relación de pareja y que se hacen especialmente evidentes una vez pasada la primera etapa de «luna de miel»:

1.- El antidependiente

Su comportamiento más habitual es alejarse del otro y evitar el acercamiento, no estar disponible o ser inalcanzable emocionalmente porque tampoco está disponible emocionalmente para sí mismo, sentirse abrumado por las necesidades emocionales del otro, huir por miedo a perder la libertad y la independencia.

Sus miedos más profundos  y habitualmente inconscientes: sentirse absorbido, controlado, presionado, exigido, agobiado, cuestionado, encarcelado, asfixiado, manipulado, dominado.

Los recursos que utiliza como huida: la libertad, la meditación, la soledad, el aislamiento o cualquier comportamiento adictivo.

En estos casos suele haber habido un cuidador  (habitualmente la madre), que ha adoptado un rol controlador, sobreprotector, dominante y/o manipulador del  que el antidependiente no pudo huir y en lo profundo de su memoria habita ese miedo a repetir el mismo patrón en la relación de pareja y volver a sentirse limitado y privado de libertad.

También puede haber habido un cuidador muy sensible y con escasos recursos para expresar sus emociones con los demás tomando como camino la distancia y el aislamiento.

En ocasiones ha podido ser agredido o sufrir algún tipo de negligencia en la infancia que han hecho que se haya producido una asociación inconsciente entre vínculo relacional y agresividad.

2.- El dependiente

Sus comportamientos más habituales están en este abanico de posibilidades: mendigar amor, suplicar, exigir, manipular, sentirse víctima, amenazar con lastimarse si le dejan, ser pegajoso y suplicante.

Sus miedos más profundos son el abandono, el rechazo, la soledad, la separación, no sentirse suficiente o no estar a la altura.

Los recursos que utiliza como huida del sufrimiento y de sus espacios de dolor no atendidos son: la necesidad de fusión con el otro a través del sexo para sentirse completo por unos instantes, la demanda de intimidad, complacer, el acercamiento constante al otro, la necesidad de que el otro les haga sentir bellos, atractivos, amados, especiales, únicos…, el uso de sustancias adictivas.

En estos casos suele haber habido un cuidador (habitualmente la madre), que ha ejercido un papel desapegado para con su hijo/hija. Lo que llamamos un cuidador/a ausente ya sea por exigencias laborales, por depresión, por negligencia o incapacidad.

La falta de un apego seguro en la infancia está en la base de relaciones no saludables en la edad adulta. (Te invito a leer el post «Apego emocional: 7 claves para aprender a soltar» en el que profundizo sobre este tema)

El dependiente suele haber vivido una infancia en la que sus necesidades emocionales no han sido atendidas y ello ha generado una gran falta de confianza en sí mismo, falta de valor y de autoestima así como una necesidad de reconocimiento. Ha aprendido a ser complaciente en un intento desesperado de merecer un poco de amor.

Los esfuerzos por conseguir amor e intimidad de la pareja están habitualmente teñidos de una sutil manipulación en tono acusatorio hacia el otro para que se abra y muestre cariñoso.

También se observan casos de personas adultas en términos de edad, que han tenido figuras maternas muy posesivas, controladoras, superpreocupadas por sus bebés y ultraprotectoras, de modo que el niño no ha podido desplegar sus recursos emocionales para encontrar su propia autonomía e independencia, de modo que sigue atado al «cordón umbilical afectivo de mamá» buscando su aprobación y reconocimiento en todo lo que hace.

Algunos de estos adultos-bebé (de más de 30 años de edad) quedan completamente desprotegidos y perdidos cuando sus madres fallecen y buscarán parejas-mamá que los atiendan, los inutilicen y los sobreprotejan como lo hacían sus madres.

3.- El amante consciente

El amante consciente es esa persona que ha atravesado sus miedos, ha sanado sus heridas o está en proceso de sanarlas al haber tomado conciencia de ellas y ha pendulado entre todos los polos emocionales habidos y por haber.

Ha estado en el rol de dependiente y/o de independiente y se ha dado cuenta de sus agujeros internos, ha decidido responsabilizarse de sus inseguridades y vulnerabilidades, ha perdonado la relación con sus padres en el sentido de resignificarla, comprenderla y sanarla y ha tomado la firme decisión de restaurar el amor en su vida amándose total y completamente a sí mismo.

Una persona que ha dejado de pretender que lo de fuera la llene, ha vaciado su mente de conceptos y se ha abierto plenamente a la experiencia y a la transformación.

Ha soltado las expectativas, las exigencias, las manipulaciones y los falsos dioses y se ha convertido en su propio maestro/a.

Desde ese lugar de honestidad consigo mismo/a se relaciona con su compañero/a de vida desde una mirada consciente, estableciendo una relación de complicidad, intimidad, aceptación, amistad, respeto y total admiración por cada una de las partes que se despliegan de sí misma/o y del otro en cada instante en el que se relacionan.

Una relación en la que existe el gozo y la plenitud de cada momento, en la que el presente está lleno y es experimentado como un regalo, en la que cada momento compartido es una oportunidad de aprendizaje, un viaje de autodescubrimiento en el que se acompañan, disfrutan y comprenden.

Un espacio en el que cada cual puede ser quien es total y completamente, sin máscaras, en el que puedes mostrar tus debilidades y tus lugares de dolor con la total confianza de que serán amorosamente acogidos y no juzgados ni utilizados como piedra arrojadiza en el futuro.

Un espacio en el que puedes expresar lo que necesites pero no estás obligado a hablar si no es tu momento.

Un espacio en el que los silencios desprenden un tierno y dulce aroma compartido, en que las palabras son transmisoras de mensajes de luz.

Un lugar de paz en el que cada quien tiene sus espacios personales e individuales, donde todo es bienvenido y aceptado, donde las luchas de poder han sido desactivadas y diluidas.

Y cuando uno detecta nubarrones en la mirada del otro, respeta su proceso manteniéndose a la distancia que le dicta la conexión con su propio corazón y con el corazón de su pareja. La distancia necesaria para que el otro pueda tener su espacio si lo requiere y pueda también tener disponible la mirada, la escucha o el abrazo de su amante consciente.

La comunicación en la pareja consciente se convierte en un espacio abierto e infinito que abarca las palabras, los silencios, las sonrisas, las miradas, las lagrimas, los abrazos, la piel, la energía, la vibración, los átomos y el universo.

Una conexión que trasciende el espacio y el tiempo.

Una experiencia de alma enraizada en el presente en la que hemos aprendido a dejar de reaccionar como niños heridos y nos miramos con la sabiduría del ser de luz que somos.

Las 25 claves maestras para tener una relación de pareja consciente

1.- Ámate y acéptate tal como eres.
 
2.- Entrena y practica diariamente la escucha atenta con los ojos, con el corazón y con el alma.
Mira a los ojos de tu pareja y permítete verla como si la descubrieras por primera vez, sin duda, es un ser único y excepcional.
 
3.- Enamórate de los aparentes defectos de tu pareja a través de tres poderosas herramientas: el sentido del humor, la complicidad y la compasión (comprensión desde el corazón)
 
4.- No te tomes como algo personal sus reacciones, están hablando de él/ella, no de ti, aunque si te tocan y afectan también está conectando con tus heridas y es una hermosa oportunidad para pararte a investigarlas con el corazón y la mente abiertos y sin juicios.
 
5.- Descubre en el tacto, la mirada, el olfato y el gusto un universo entero que podéis recorrer juntos, la comunicación es un amplio territorio que va mucho más allá de las palabras.
 
6.- Habla con respeto aun cuando no estés de acuerdo con las ideas o puntos de vista de tu pareja.
 
7.- Suelta tus expectativas y ábrete al misterio de la relación momento a momento.
 
8.- Si haces algo por el otro, hazlo honestamente, sin intenciones ocultas.
 
9.- Conecta con tu sabiduría antes de pronunciar una sola palabra.
 
10.- Abandona todo resentimiento, no traigas al presente los resentimientos del pasado, deja que el pasado descanse y se diluya, ya ha hecho su función, no necesitas que contamine vuestro presente.
 
11.- Si no puedes decir algo amable, mejor no digas nada y permítete serenarte.
 
12.- En los pequeños gestos y detalles habita la complicidad, aliméntala día a día.
 
13.- Agradece los momentos que estáis juntos, agradece los momentos que no estáis juntos.
 
14.- Habla desde tu mejor intención, y permite que cada cosa ocupe suavemente su lugar.
 
15.- Mantén tu espacio emocional limpio: dedica un tiempo cada día a esa limpieza, permite que tus emociones encuentren su canal de salida a través del juego, el deporte, el silencio, la meditación, el contacto con la naturaleza, el arte…
Responsabilízate de tus emociones para no vomitarlas encima de tu pareja.
 
(En relación a cómo hacer esta limpieza emocional interior, te invito a pasearte por el post: «¿Cómo gestionar emociones desagradables? La clave: aprender a sentirlas«)
 
16.- Sé honesto y deja de exigir implícita o explícitamente al otro que cambie o que sea distinto. Acéptalo total y completamente o suelta la relación desde el agradecimiento del tiempo compartido y el aprendizaje experimentado.
 
17.- Si tu pareja activa alguno de tus botones internos, observa la experiencia como una oportunidad para atender las emociones que emergen, deja de alimentar la culpa, el victimismo y la manipulación en todas sus formas.
 
18.- Elige ver desde la paz la relación con tus padres, hasta que no lo hagas, no podrás tener una relación saludable con tu pareja y seguirás perpetuando patrones inconscientes de lucha, queja, huida, demanda insaciable o rechazo. No necesariamente tienes que hablar con ellos, simplemente abandona internamente todo resentimiento hacia tus padres, lo hicieron lo mejor que supieron, es hora de ser tú tu propio maestro.
 
19.- No cedas a la manipulación inconsciente de tu pareja, date cuenta de que, en ese momento, habla o actúa desde la ignorancia que se activa cuando nos desconectamos del ser amoroso que somos. Agradece, ama y permite que el otro encuentre su propio espacio y equilibrio. Respeta tu ritmo y el suyo. Respeta tus silencios y los suyos.
 
20.- Pon límites saludables en tu relación, no entres en manipulaciones propias ni del otro. Di tu verdad tranquilamente y acepta que tu pareja no esté de acuerdo con ella.
 
21.- Si no te sientes respetado/a, aléjate de esa persona y después pregúntate en qué medida estabas atrayendo esas situaciones en tu vida para poder sanarlas. Agradece internamente el haberte podido dar cuenta y regresa a tu vida con una nueva comprensión más amplia y más amorosa.
 
22.- Aprecia a tu pareja por lo que es, y deja de centrarte en lo que crees que no es y según tú debería ser.
 
23.- Cultiva espacios de conexión juntos que nutran vuestra relación.
 
24.- Cultiva tus propios espacios personales que te nutran a ti y acepta que tu pareja también tenga esos espacios.
 
25.- Suelta el control, no eres dueño del otro, no te debe nada, estáis juntos porque ambos lo habéis decidido libremente, cuando la relación deje de ser un espacio para compartir y crecer juntos, ten el valor de soltarla y no exigir culpas ni sacrificios.
 
 
 

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Te espero en el próximo post.

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